19 sept 2009

Diario de un perro


Semana: 1
Hoy cumplí una semana de nacido, ¡Qué alegría haber llegado a este mundo!
Mes 01:
Mi mamá me cuida muy bien. Es una mamá ejemplar.
Mes 02:
Hoy me separaron de mi mamá. Ella estaba muy inquieta, y con sus ojos me dijo adiós. Esperando que mi nueva 'familia humana' me cuidara tan bien como ella lo había hecho.
Mes 04:
He crecido rápido; todo me llama la atención. Hay varios niños en la casa que para mí son como 'hermanitos' Somos muy inquietos, ellos me jalan la cola y yo les muerdo jugando.
Mes 05:
Hoy me regañaron. Mi ama se molestó porque me hice 'pipí' adentro de la casa; pero nunca me habían dicho dónde debo hacerlo. Además duermo en la recámara... ¡y ya no me aguantaba!
Mes 12:
Hoy cumplí un año. Soy un perro adulto. Mis amos dicen que crecí más de lo que ellos pensaban. Que orgullosos se deben de sentir de mí.
Mes 13:
Qué mal me sentí hoy. 'Mi hermanito' me quitó la pelota. Yo nunca agarro sus juguetes. Así que se la quité. Pero mis mandíbulas se han hecho muy fuertes, así que lo lastimé sin querer. Después del susto, me encadenaron casi sin poderme mover al rayo del sol. Dicen que van a tenerme en observación y que soy ingrato. No entiendo nada de lo que pasa.
Mes 15:
Ya nada es igual... vivo en la azotea. Me siento muy solo, mi familia ya no me quiere. A veces se les olvida que tengo hambre y sed. Cuando llueve no tengo techo que me cobije.
Mes 16:
Hoy me bajaron de la azotea. De seguro mi familia me perdonó y me puse tan contento que daba saltos de gusto. Mi rabo parecía reguilete. Encima de eso, me van a llevar con ellos de paseo. Nos enfilamos hacia la carretera y de repente se pararon. Abrieron la puerta y yo me bajé feliz creyendo que haríamos nuestro 'día de campo'. No comprendo por qué cerraron la puerta y se fueron. '¡Oigan, esperen!' Se... se olvidan de mí. Corrí detrás del coche con todas mis fuerzas Mi angustia crecía al dadme cuenta, que casi me desvanecía y ellos no se detenían: me habían olvidado.
Mes 17:
He tratado en vano de buscar el camino de regreso a casa. Me siento y estoy perdido. En mi sendero hay gente de buen corazón que me ve con tristeza y me da algo de comer. Yo les agradezco con mi mirada y desde el fondo con mi alma. Yo quisiera que me adoptaran y seria leal como ninguno. Pero solo dicen 'pobre perrito', se ha de haber perdido.
Mes 18:
El otro día pasé por una escuela y vi a muchos niños y jóvenes como mis 'hermanitos'. Me acerqué, y un grupo de ellos, riéndose, me lanzó una lluvia de piedras 'a ver quien tenia mejor puntería'. Una de esas piedras me lastimó el ojo y desde entonces ya no veo con él.
Mes 19:
Parece mentira, cuando estaba más bonito se compadecían más de mí. Ya estoy muy flaco; mi aspecto ha cambiado. Perdí mi ojo y la gente más bien me saca a escobazos cuando pretendo echarme en una pequeña sombra.
Mes 20:
Casi no puedo moverme. Hoy al tratar de cruzar la calle por donde pasan los coches, uno me arrolló. Según yo estaba en un lugar seguro llamado 'cuneta', pero nunca olvidaré la mirada de satisfacción del conductor, que hasta se ladeó con tal de centrarme. Ojalá me hubiera matado, pero solo me dislocó la cadera. El dolor es terrible, mis patas traseras no me responden y con dificultades me arrastré hacia un poco de hierba a ladera del camino.

Mes 21:
Tengo 10 días bajo el sol, la lluvia, el frío, sin comer. Ya no me puedo mover. El dolor es insoportable. Me siento muy mal; quedé en un lugar húmedo y parece que hasta mi pelo se está cayendo. Alguna gente pasa y ni me ve; otras dicen: 'No te acerques' Ya casi estoy inconsciente; pero alguna fuerza extraña me hizo abrir los ojos. La dulzura de su voz me hizo reaccionar. 'Pobre perrito, mira como te han dejado', decía... junto a ella venía un señor de bata blanca, empezó a tocarme y dijo: 'Lo siento señora, pero este perro ya no tiene remedio, es mejor que deje de sufrir.' A la gentil dama se le salieron las lágrimas y asintió. Como pude, moví el rabo y la miré agradeciéndole me ayudara a descansar. Solo sentí el piquete de la inyección y me dormí para siempre pensando en por qué tuve que nacer si nadie me quería

La solución no es echar un perro a la calle, sino educarlo. No conviertas en problema una grata compañía. Ayuda a abrir conciencia y así poder acabar con el problema de los perros callejeros.

Esta carta me llegó ayer y quiero compartirla con vosotros; UN ANIMAL NO ES UN JUGUETE.

17 sept 2009

Gota fria

Me gustan los días de lluvias, aunque ya no tanto como antes.
Vemos en las noticias las inundaciones de los pueblos, yo, por haberlo vivido, me estremezco más de lo normal.
Hace casi dos años, mi pueblo sufrió una fuerte riada, lo que suele llamarse “gota fría”

Aquel día yo estaba sola en casa cuando escuché llover cada vez con más intensidad, me apresuré a colocar las tablas en la puerta del patio (anteriormente me había entrado agua en la casa, aunque nunca superior a cinco o seis centímetros. Cuando dejaba de llover el agua se iba por donde había venido sin dejar muchas consecuencias).
Una vez dejé colocada la tabla del patio me dirigí para hacer lo mismo con la de la calle, siempre tarda más en entrar por esa puerta; ese día no ocurrió así. Cuando llegué al salón el agua ya estaba entrando, lo único que pude hacer fue cerrar la puerta con el propósito de que entrara la menor cantidad de agua posible. Mis hijos me llamaron al móvil para saber cómo estaba, al decirles que estaba inundada se presentaron de inmediato para ayudarme, naturalmente le abrí la puerta para dejarlos entrar y con ellos entró también mucho más agua.
Rápidamente intentamos salvar todo lo que pudimos, los cajones, el dvd, papeles que estaban en la parte inferior del mueble… pero el agua estaba helada porque lo que llovía era hielo y se nos congelaban los pies. Así que nos subimos a los dormitorios y desde allí, impotentes, vimos cómo mi salón se iba convirtiendo en una laguna (más de un metro de agua).
Nos asomamos al balcón para ver la calle y cuál fue nuestra sorpresa al darnos cuenta de que el coche de mi marido estaba bajo el agua, literalmente porque sólo se distinguía el techo de vehículo. Resulta que nunca lo deja atrás y ese día precisamente se fue con el coche de un amigo y dejó el suyo en la puerta.
Perdimos muchas cosas aquel día, se inundó los electrodomésticos, los muebles de la cocina (todo los de la parte inferior) los del cuarto de baño, los de la sala pequeña junto con la torre del ordenador, el coche... Y sin embargo tengo que decir que tuve suerte.

En la calle principal del pueblo el resultado fue mucho más trágico. Los comercios quedaron destrozados. La fuerza del agua hizo que veinticuatro coches quedaran amontonados en medio de la calle, una mujer falleció atrapada en el suyo. Era una profesora de treinta y cinco años y madre de dos niñas.
También falleció una señora mayor, murió de un infarto al colisionar un autobús en su fachada.
Aquél día cayeron ochenta litros de agua por metro cuadrado en quince minutos y le declararon al pueblo como zona catatrófica.

Me siento solidaría con toda esa gente que está perdiendo sus hogares, que está pasando por ese mal momento, y sé que se pasa muy mal. No obstante les digo una cosa, aunque en éstos momentos sea de poco consuelo: todo lo material es reparable, lo que es insustituible es la vida.

9 sept 2009

El ermitaño

Se levantó de su silla para acercarse a la chimenea, atizó el fuego y éste recobró fuerza iluminando los surcos de su rostro que asemejaban a una huerta labrada. Seguidamente, con lentitud, el viejo se acercó a la ventana, sonrió al contemplar cómo el cielo amanecía despejado, era un marco perfecto; su trabajo tendría recompensa.
Se acercó a la silla volviendo a tomar asiento en ella. Una lámpara de aceite colocada en la mesa de roble iluminaba tenuemente la estancia, junto a ella, hojas blancas, una pluma y un tintero.
Sus esqueléticos dedos comenzaron a bordar el papel con una caligrafía de fraile franciscano. Las palabras se transformaban en frases y las frases en fantásticas historias. Terminada su labor, tomó la hoja, la arrugó y alimentó el fuego con ella. Volvió a sonreír mientras veía cómo el fuego devoraba el papel lentamente, como si leyera su contenido. Las palabras fueron convirtiéndose en humo que trepaban buscando el aire. Una vez fuera, el viento era el encargado de acompañarlas en su viaje.

Una mujer paseaba por el sendero con su hijo cogidos de la mano, el niño levantó la cabeza.
- Mamá, mira cuántos dibujos tienen hoy las nubes. Hay un caballo, y allí parece un tren que echa humo. ¡Mira aquél! Es igual que un dragón, incluso parece que tira fuego por la boca…
La madre miró al cielo y luego a su hijo, acarició la cabeza del niño con ternura al tiempo que decía:
- Sí, cariño, al parecer, el ermitaño está hoy inspirado.

28 ago 2009

Otros tiempos

Recuerdo que mi abuela olvidaba cerrar la puerta de la calle algunas noches, supongo que lo olvidaba porque nunca pasaba nada; por la mañana todo estaba en su sitio ¿quién sería capaz de hacerlo hoy en día?
La vida hoy es menos segura.
Por ejemplo hace unos días, una anciana vecina mía fue a comprar el pan y unos chicos que iban en una motocicleta le dieron un tirón del monedero que llevaba en la mano; la fuerza hizo que callera al suelo.
La pobre señora ha estado bastantes días en el hospital con un traumatismo en la cabeza, al ser tan mayor no puede ser operada para extraerle el coágulo de sangre, así que tras unos días observación la mandaron para casa con la esperanza de que se le quite poco a poco. Y todo por tres o cuatro euros que llevaba en la cartera.
Resulta que son menores y sólo tendrán una reprimenda… así están las cosas.
A veces pienso que el mundo se está volviendo loco. ¿La ley del menor? sí, pero según el delito de ese menor. Si es mayor para violar y matar a una joven, también es mayor para aguantar un castigo ¿El derecho a los drogodependientes? Según y cuándo ¿El derecho a los criminales “perturbados”? son locos de conveniencia.
Pienso que cuanto más grande es el delito que hagan, menos castigo tienen… ¿Y el derecho a las personas honestas, dónde está?

Antes, todo era muy distinto, y cuándo digo antes, me refiero a hace treinta o cuarenta años solamente. No teníamos tantos derechos ni deberes. No hacía falta colocar carteles explicando cómo debíamos comportarnos... todos sabíamos que había que hacerlo así.
Los niños nunca daban una mala contestación a una persona mayor. Eso era impensable, si alguno te regañabas simplemente bajabas la cabeza. Hoy es muy distinto, no puedes reprender a un niño si lo ves haciendo algo peligroso, ya te puedes aguantar las ganas de decirle que tenga cuidado, pues te responde que “te metas en tus cosas” y lo digo entre comillas porque la respuesta no sería precisamente ésa.
Hoy no se tiene respeto a nada ni a nadie. Me da pena que hayan desaparecido los juegos, aquellos juegos inocentes y competitivos. No veo a niños jugar a las canicas, ni las niñas a los cromos. Recuerdo que yo tenía una gran caja repletas de cromos a cuál más bonito, y mis hermanos tenían sus bolsa colmadas de canicas de colores. Los cromos eran pequeños trozos de papel recortados, en el cual había un dibujo pintado en él, dibujos de muñecas o paisajes hechos a mano, Se colocaban boca abajo sobre una superficie plana y se le daba una palmada con la mano hueca, todos los que se daban la vuelta eran los que te llevabas como premio.
Las canicas o las bolas como se le llama por aquí, consistía en chocar una canica con otra y lanzarla a un hoyo, si colaba dentro, ganabas la canica.
He puesto sólo estos dos ejemplos cómo podría haber puesto otros muchos.


Los juegos de los niños de hoy en día consiste en tomar un ordenador y simular que juegan en la calle, que corren, que luchan, o que atropellan a viandantes. ¡Cuánto más violento es el juego, más “guay” es!
Añoro esos juegos de antaño, donde un simple tapón era suficiente para desarrollar la imaginación de cualquier niño. Eran otros tiempos, y yo me pregunto ¿esto avanzará? si es así, me da pena que la inocencia de la niñez desaparezca.

20 ago 2009

“No más lapidaciones”

Por desgracia hay que contar un nuevo caso de una mujer irní, Sakineh Mohammadi, condenada a muerte por lapidación.

“Su crimen” también lo has oído más veces “adulterio estando casada” Anteriormente había recibido 99 latigazos por “mantener una relación ilícita”


Como ha ocurrido en otros casos, el juicio fue injusto y sin ganrantías. El abogado de Sakineh ha pedido a la Comisión de Amnistía e Indulto iraní que revise su causa. Si esta comisión rechaza su petición, Sakineh será lapidada.

Por mucho que se repitan estos abusos contra el derecho a la vida, no es justo. Por lo tanto tenemos que hacer algo. Podemos ayudar exigiendo a las autoridades iraníes que no ejecuten a Sakineh y que suspendan todas las ejecuciones por lapidación.
Nuestras voces unidas pueden parar las piedras y salvar su vida. No es la primera vez que gracias a la presión internacional se han conmutado condenas a lapidación.
Si entráis en éste enlace, tendreis más informacion y podeis colaborar con vuestra firma. Todos juntos podemos acabar con ésta injusticia. http://web.es.amnesty.org/iran-lapidaciones/

13 ago 2009

Vivan las mujeres

Quiero comprartir este vídeo con todas vosotras, con todos vosotros. Me gustaría con él levantar la autoestima a todas las mujeres.

Pronto seré abuela de una niña, espero y deseo que mi nieta crezca en una sociedad más tolerante y respetuosa.

Gracias, señor Bosé, tiene todo mi respeto.

9 ago 2009

Su rutina


El manto de la noche fue avanzando sigilosamente hasta apoderarse de la ciudad.
Victoria caminaba despacio, las zapatillas de deportes le proporcionaban el silencio que deseaba para cerciorase de que nadie la seguía… de que nadie la escuchaba.
Se detuvo al oír un ruido. La tenue luz proveniente de una farola iluminó su negra y larga melena arrancándole destellos rojizos.
El ruido volvió y ella se arrimó a la oscuridad intentando que fuese su aliada. Miró a un lado y otro del callejón. Era largo y estrecho pero no se veía a nadie y todo parecía estar en su sitio: un gran contenedor de basura, cartones esparcidos por el suelo y la esquelética motocicleta apoyada en el muro que le era ya tan familiar. Había visto cómo le desaparecían una a una y día tras día todas las piezas. Sí, conocía aquél callejón mejor que nadie y todo estaba en su lugar ¿de dónde procedía el ruido entonces? Quizás fuese su imaginación que conspiraba con su miedo.
Decidió continuar. Miró el reloj de pulsera, ya eran las doce: llegaría tarde. Al salir de la oscuridad, el ruido se acentuó, notó cómo el vello se le erizaba bajo el grueso chaleco de lana. De pronto, un gato rallado pasó a toda velocidad bajo sus pies maullando como un condenado, lo seguía un perro sucio y mal oliente que a su vez comenzó a ladrar con ferocidad.
L a ansiedad se apoderó de Victoria, ya había perdido mucho tiempo; esa noche terminaría más tarde que nunca. Dichoso miedo, ella nunca tenía miedo, hacía mucho tiempo que dejó de tenerlo. Desde que apartó al maltratador de su lado tras la última paliza, cuando la orden de alejamiento no funcionó y ella decidió juzgarlo y condenarlo por sí misma. Sí, desde aquél día en el que el león se convirtió en presa y la cervatilla se transformó en cazador. ¿Por qué estaba tan nerviosa si ya se había convertido en rutina? En su rutina.
Sonrió, sus ojos negros se iluminaron al saber que hacía lo correcto.
Introdujo la mano en el bolsillo del pantalón y cogió la nota, tras memorizar la dirección que estaba escrita en ella, encendió un mechero y quemó el papel. Volvió a sonreír mientras caminaba con decisión.

- Esta noche se ha producido un nuevo asesinato, es el que hace el número treinta y tres de éste año - dijo el presentador de las noticias. Todas las personas que había en la cafetería miraron al televisor que estaba colgado en la pared. – la asesina justiciera ha vuelto a actuar y por lo visto la policía sigue sin pista. Piensan que es una mujer de entre treinta y cinco a cuarenta años, y que sufrió malos tratos. Su modus operandi es siempre el mismo: averigua que un maltratador a roto su orden de alejamiento y tras hallar su dirección, entra en la casa y lo mata de un disparo en la cabeza. Hay una nota a destacar, desde que la justiciera comenzó a actuar hace dos años: la violencia de género ha menguado.