9 ago. 2009

Su rutina


El manto de la noche fue avanzando sigilosamente hasta apoderarse de la ciudad.
Victoria caminaba despacio, las zapatillas de deportes le proporcionaban el silencio que deseaba para cerciorase de que nadie la seguía… de que nadie la escuchaba.
Se detuvo al oír un ruido. La tenue luz proveniente de una farola iluminó su negra y larga melena arrancándole destellos rojizos.
El ruido volvió y ella se arrimó a la oscuridad intentando que fuese su aliada. Miró a un lado y otro del callejón. Era largo y estrecho pero no se veía a nadie y todo parecía estar en su sitio: un gran contenedor de basura, cartones esparcidos por el suelo y la esquelética motocicleta apoyada en el muro que le era ya tan familiar. Había visto cómo le desaparecían una a una y día tras día todas las piezas. Sí, conocía aquél callejón mejor que nadie y todo estaba en su lugar ¿de dónde procedía el ruido entonces? Quizás fuese su imaginación que conspiraba con su miedo.
Decidió continuar. Miró el reloj de pulsera, ya eran las doce: llegaría tarde. Al salir de la oscuridad, el ruido se acentuó, notó cómo el vello se le erizaba bajo el grueso chaleco de lana. De pronto, un gato rallado pasó a toda velocidad bajo sus pies maullando como un condenado, lo seguía un perro sucio y mal oliente que a su vez comenzó a ladrar con ferocidad.
L a ansiedad se apoderó de Victoria, ya había perdido mucho tiempo; esa noche terminaría más tarde que nunca. Dichoso miedo, ella nunca tenía miedo, hacía mucho tiempo que dejó de tenerlo. Desde que apartó al maltratador de su lado tras la última paliza, cuando la orden de alejamiento no funcionó y ella decidió juzgarlo y condenarlo por sí misma. Sí, desde aquél día en el que el león se convirtió en presa y la cervatilla se transformó en cazador. ¿Por qué estaba tan nerviosa si ya se había convertido en rutina? En su rutina.
Sonrió, sus ojos negros se iluminaron al saber que hacía lo correcto.
Introdujo la mano en el bolsillo del pantalón y cogió la nota, tras memorizar la dirección que estaba escrita en ella, encendió un mechero y quemó el papel. Volvió a sonreír mientras caminaba con decisión.

- Esta noche se ha producido un nuevo asesinato, es el que hace el número treinta y tres de éste año - dijo el presentador de las noticias. Todas las personas que había en la cafetería miraron al televisor que estaba colgado en la pared. – la asesina justiciera ha vuelto a actuar y por lo visto la policía sigue sin pista. Piensan que es una mujer de entre treinta y cinco a cuarenta años, y que sufrió malos tratos. Su modus operandi es siempre el mismo: averigua que un maltratador a roto su orden de alejamiento y tras hallar su dirección, entra en la casa y lo mata de un disparo en la cabeza. Hay una nota a destacar, desde que la justiciera comenzó a actuar hace dos años: la violencia de género ha menguado.
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