16 dic. 2009

¡¡¡¡MI NIETA HA NACIDO!!!!




Hola a todos. Hoy tengo una noticia estupenda, ¡fantástica!: MI NIETA HA NACIDO.
Es una niña preciosa, bueno, soy su abuela ¿qué voy a decir?
Lamento no haber contestado a vuestros comentarios, pero he estado en el hospital.
El martes día 15 de diciembre nació Triana. Estoy muy emocionada, supongo que comprenderéis que no tenga cabeza para decir nada más.

Pronto colocaré una entrada cómo es debido, ahora no tengo mucho tiempo, pues he de ir a trabajar y luego al hospital. En cuanto les den de alta y me quede un poco más tranquila continuaré con el blog. Sólo quería haceros participe de mi alegría, y presentaros a la niña.

Gracias a todos.







Jorge García es el orgulloso padre.

11 dic. 2009

La espera


Teresa descendió con templanza los peldaños que conducían al jardín. Su largo y elegante vestido alisaba la hierba con cada paso. Portaba en sus manos un viejo y desgastado libro que abrazaba a su pecho con ternura.
Como si se tratase de un ritual, lo sujetó con una mano mientras que con la otra alisó las inexistentes arrugas de su vestido antes de tomar asiento en el banco. Un sauce llorón permitía que algunos finos rallos de sol se filtraran entre sus ramas y la acariciasen. La mujer dejó el libro en su regazo para llevar sus manos a la cabeza y alizar su larga melena, una melena que el tiempo, caprichoso, se había encargado de platear.
La anciana, sin bajar la cabeza abrió el libro, y la inercia o la costumbre, provocó a quedarse en una página amarillenta en la que apenas podía distinguirse las letras. Acarició la hoja con las yemas de los dedos, esbozando una sonrisa al tiempo que sus labios comenzaban a recitar los versos memorizados, como si de una oración se tratase.
Su mirada paseó por el jardín, posándose en un deteriorado caballo de madera descolorido casi oculto por la maleza. El viento y la lluvia habían sido sus únicos compañeros de juego, y al igual que el columpio, jamás habían escuchado risas infantiles.
Teresa continuó pasando sus finos dedos por la caligrafía, como haría un ciego leyendo en braille.

Su mente viajó retrocediendo en el tiempo. Ahora era una mujer joven, enamorada… Escuchó el relinchar de los corceles, detenerse el carruaje y los pasos de su caballero.
- ¿Cómo estás? – escuchó.
Sin esperar respuesta, el barón se despojó del sombrero de copa y de su capa. Uniéndose a ella, acarició su larga y negra cabellera al tiempo que depositaba un suave beso en la frente, para luego acercar sus labios al abultado vientre de la mujer.
– tengo una sorpresa – dijo, y alzó la mano.
En seguida, dos criados depositaron un caballo balancín de madera en el cuidado y verde césped del jardín.
- ¿Podemos salir a pasear? – preguntó la joven mientras acariciaba la cuidada perilla de su amado.
- Sabes que no podemos. En cuanto nazca nuestro hijo, viviremos juntos y pasearemos todos los días. Me divorciaré de la baronesa, ya no me importa su dinero, es una mujer estéril que jamás me dará lo que más deseo en el mundo. En cuanto lo consiga, nosotros nos casaremos. Jugaremos con nuestro hijo, lo veremos crecer y tú le leerás el libro de cuentos que tanto te gusta. Pero ahora no es prudente, nadie debe saber lo nuestro, nadie debe saber que estás embarazada… no lo sabe nadie ¿verdad? – preguntó con seriedad el hombre.
Ella sonrió y lo besó.

Días después nació su hijo, pero Teresa nunca jugó con él, nunca le leyó un cuento… nunca lo vio. Para el resto del mundo, jamás había estado embarazada. Para el resto del mundo, ella era una dama solitaria que vivía enclaustrada en su casa sin tener contacto con nadie.
Era una loca que se sentaba todos los días en el jardín y acariciaba un libro.