29 mar. 2012

No dejes para mañana...


Es cierto que un hecho significativo puede llegar a cambiarnos la vida o la forma de actuar. Un acontecimiento que para la mayoría resulte insignificante, a otros les puede crear un trauma o una paranoia.
Lo único que intento con esta introducción, es que no juzguemos a los demás a la ligera. No soporto a las personas que se burlan de los demás, por el simple hecho de que tengan alguna clase de fobia. Hay personas que le tienen miedo a volar, otras a algún animal, pequeño o grande, con plumas o escamas…  A otros les da miedo hablar en público, las aglomeraciones, la oscuridad… en fin sería imposible enumerarlas todas, y estoy segura de que sea cual sea su trauma, tiene una causa y un origen. Lo digo por experiencia.
Mi “problema”, llamémoslo así, son los mensajes de textos. Sí, en estos tiempos de correos electrónicos, msm, chateos,  facebook, y todo eso, a mí me cuesta comunicarme, sobre todo con los mensajes de móvil. Y hay una causa y un origen.
Hace algún tiempo que ocurrió. Mi hermano tenía treinta y dos años cuando se fue a trabajar a  Ibiza. Se compró un móvil, aunque sólo para llamar y responder, pues no sabía enviar mensajes. Un día mi hermana recibió un mensaje suyo en el que le decía: “Estamos bien por aquí y espero que ustedes también. Ya mismo nos vemos.   Dales recuerdos a los papás. (mensaje día 03/03/2001 a las 15:30h)”
  Mi hermana me llamó muy contenta para decírmelo, y yo pensé en mandarle uno para recriminarle que no me hubiese mandado otro a mí. Luego pensé como adulta, y decidí enviarle uno diciéndole cuánto le quería, cuánto le echaba de menos, y lo orgullosa que estaba de él. Sin embargo lo dejé para después, para el día siguiente.
Pero no hubo día siguiente.
Aquella misma noche nos llamaron para comunicarnos que había sufrido un accidente de tráfico y estaba muy grave. Aquel primer mensaje de texto  se convirtió en su último mensaje de texto, y yo jamás pude enviarle el mío. Y todo por dejarlo para después.
Ya sé que él sabía cuánto le quería, yo se lo decía cada vez que hablábamos, pero tendría que haber enviado ese mensaje en el momento que lo pensé.  
Es por eso por lo que pido perdón si alguna vez he respondido con incoherencias. En cuanto veo que he recibido un mensaje, tengo que responder en ese preciso momento, y a veces con las prisas,  escribo lo primero que se me ocurre. Luego, lógicamente, me arrepiento.   Otras veces, quizás da la impresión de que  no me interesa mantener una correspondencia con nadie. Nada más lejos. Por este medio he encontrado a muy buenos amigos, y es a mis amigos a los que les quiero pedir perdón si alguna vez les he respondido con un disparate.
Algunas amigas me preguntan por qué siempre estoy desconectada en el Messenger o en el facebook. Les respondo que es porque no me gusta. Si alguna vez da la casualidad de que les mando un correo,  y se dan cuenta de que estoy conectada a internet, me hablan por el Messenger, yo les corto y las llamo por teléfono, les digo que prefiero hablar a  escribir. Supongo que ahora comprenderán el motivo.
Jamás había contado esto a nadie, y he de confesar que me ha costado mucho escribir esta entrada, pero necesitaba hacerlo.
Te quiero, Alexis, y te echo de menos.