30 dic. 2008

Grupo Cultural Deportivo "el Naranjo"


LA NOCLA


En este mundo en el que vivimos, en el que cada cual se preocupa de uno mismo, y eso de la solidaridad es cosa de otros, permítanme hablar de ésos otros; de esa gente que sí se preocupa del prójimo y durante todo el año, dedica su tiempo a ayudar a los que lo necesitan.

Hace ocho años, un grupo de amigos de la barriada de La Nocla, en Alcalá de Guadaira (Sevilla) decidieron organizar una carrera, con el propósito de fomentar y promover el deporte. Cada año organizan una maratón, y si el primer año comenzó siendo un pequeño grupo de corredores, sus participantes han aumentado con el paso del tiempo. También los mayores tienen su sitio en el deporte y en la asociación, pues la ruta “Qalat Jubilar” es un paseo donde ellos caminan por zonas de gran interés patrimonial, un recorrido por el pasado y el presente del pueblo.
Además de promover el deporte y la vida saludable; la solidaridad es su objetivo paralelo, pues el dinero recaudado es destinado íntegramente a una causa distinta cada año.

Estas personas roban tiempo, sí, se les podrían llamar ladrones de tiempo, tiempo que podrían dedicar a estar con sus hijos, con sus parejas, o simplemente realizando algún hobby. Sin embargo, pasan días, semanas y meses entregados a su asociación, preparando, buscando la manera de recaudar dinero, organizando actos, y todo ello sin ánimo de lucro, sin beneficio alguno… ¿o quizás sí? Quizás la sonrisa y el agradecimiento de las personas a las que va destinada sea la mayor recompensa de todas.
Este año, el donativo fue destinado a AFEAES “Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer Esperanza” http://www.alzheimeralcala.com/. Fue en la cena que prepararon para recaudar fondos, donde me propusieron leer por primera vez mi relato “Recuerdos olvidados”, y es por ello, que les debía este sencillo pero cariñoso reconocimiento, pues fueron los primeros en creer en mí, y dar la oportunidad al relato de ser escuchado.

Yo me pregunto: si un grupo reducido de personas puede dar tanta felicidad a tanta gente ¿qué no haría un grupo numeroso? ¿qué pasaría si hubiese más gente solidaria? probablemente que nos preocuparíamos un poco más de los demás, que no seríamos tan egoístas, y sobretodo, que seríamos mucho más felices.

Terminaré con unas palabras recogidas de la página Web, del Grupo Cultural Deportivo “El Naranjo”, http://carrerapopularelnaranjo.com/joomla/ grupo al que va dedicada esta entrada en mi blog, unas palabras que lo dicen todo: … “a veces las ideas surgen sin saber cómo ni porqué. Con el tiempo muchas se deshacen sin apenas dejar huella de su existencia… otras sin embargo, perduran y jamás desaparecen de la memoria de aquellos que las hicieron suyas… año tras años con ilusión y esfuerzo, ofrecemos a los corredores nuestra idea… nuestro sueño”.

25 dic. 2008

Recuerdos olvidados


Amalia esbozó una sonrisa, diminuta, imperceptible. Tan imperceptible que su rostro ni siquiera exteriorizó un guiño. Su cabeza, algo sesgada, estribaba en unos hombros enflaquecidos y sin fuerzas. Sus manos residían alineadas lánguidamente entre sus piernas.
Diariamente la sentaban allí, diariamente, los rayos del sol acariciaban su frágil y surcado cuerpo como una madre haría con su hijo. A ella le gustaba sentir su contacto, su calor, sus caricias, y sencillamente se dejaba abrazar.

Inmemoriales, sus ojos infantiles miraban al frente. No había expresión alguna en ellos, aunque sí un brillo deleznable. Volvió a sonreír, no se notó, pero Amalia sonreía mientras sus ojos penetraban en el paisaje.
Que verde está la hierba del campo, pensó. Recuerdo que me gustaba pisar la hierba mojada… ¿Lo recuerdo? No estoy segura, da igual, ya lo recordaré más tarde, se dijo.

El cielo era tan celeste y limpio que en él, podía distinguirse perfectamente, cómo dos cometas bailaban en el aire sujetadas por niños. Era un baile lento y suave, casi inerte. Quizás el viento aquel día, era sereno.
No alcanzaba ver sus rostros pues quedaban de espaldas a ella, pero estaba segura que reían. Los niños siempre ríen cuando juegan. Tampoco podía escuchar sus risas, seguro que el cristal mitigaba sus voces.
Recuerdo que me gustaba hacer volar las cometas cuando era pequeña… ¿lo recuerdo? No estoy segura, da igual, ya lo recordaré mas tarde.

Reparó en la casita. Siempre quise vivir en una casita así, con su chimenea, sus tejas rojas, y sus paredes blancas. Se vio dentro, cocinando en el fogón de leña: colocando una olla de puchero y esperando a que lentamente se elaborase.
Recordaba que le gustaba sentarse en el porche al atardecer… ¿lo recordaba? No estaba segura, da igual, quizás lo recordaría más tarde.
Observó como el árbol contemplaba orgulloso su imagen reflejada en un riachuelo. Un árbol de flores blancas. No le llegaba el olor, sin embargo podía sentirlo, percibía su aroma placentero.
Recordaba que le gustaba sentarse a su sombra a leer… ¿lo recordaba? No estaba segura, quizás lo recordase más tarde.
– Es hora de su baño Amalia – dijo una voz a su espalda – el sol se está retirando y comienza a hacer frío, mañana volveremos.
La voz era dulce, a ella le gustaba la voz.
- No me extraña que le guste tanto este cuadro, es un paisaje maravilloso. ¿Recuerda cuando lo pintó Amalia? tenía usted unas manos prodigiosas con los óleos. ¿Recuerda su casita? Sus hijos me dijeron que los pintó un día mientras ellos jugaban, y que era su cuadro preferido. Por eso lo trajeron aquí, a su habitación, para que usted lo mirase siempre con el fin de avivar sus recuerdos. Pero su enfermedad no la deja recordar ¿verdad Amalia? esa enfermedad le hace olvidar sus recuerdos. Échele un último vistazo al cuadro por hoy, mañana volveremos.
Amalia no contestó. Sin expresión, continuaba mirando el cuadro cuando la voz, sujetando la silla de ruedas, fue apartando lentamente la imagen de sus ojos.

¡Que verde está la hierba del campo! pensó, recuerdo que me gustaba pisar la hierba mojada…
¿Lo recuerdo? No estoy segura, bueno, da igual, ya lo recordaré más tarde.


18/06/08
María Jesús García Fernández




El trébol de cuatro hojas


Nunca he creído en la providencia, ni en el hecho de que un objeto tenga el poder de cambiar el destino de una persona. No creo que por llevar un amuleto o la imagen de un santo, vaya a dar la vuelta tu vida. Jamás pensé que pudiera cambiar de idea, si no en su totalidad, sí en parte.
El trébol de cuatro hojas, tiene una historia muy peculiar y fantástica, aunque algunos puedan pensar que es simple, y que lo único que acompaña al trébol es la casualidad.
Intentaré contarla, así podrán juzgar y sacar sus propias conclusiones.
Hace unos tres años, el novio de mi hermana me dio un regalo; al desenvolverlo comprobé que era un trébol de cuatro hojas enmarcado en un cuadro de madera. El marco era, y sigue siendo precioso, y yo lo vi como eso; un adorno para colocarlo en una repisa, aunque las palabras que acompañaron al regalo fue lo que más me gustó.
Dijo: “Este trébol me ha acompañado durante mucho tiempo, alguien me lo regaló para que consiguiera mis sueños y me diera suerte. Ahora que he encontrado a tu hermana, no necesito nada más, pues con ella tengo todo lo que deseaba. Así que te lo regalo, para que te de suerte y puedas también conseguir ver tus sueños hechos realidad”
Es lo más bonito que he escuchado nunca, y creo que estaréis de acuerdo conmigo.
Aunque parezca una falta de delicadeza por mi parte, el cuadro lo dejé en la habitación en el que tengo el ordenador, pues no lo puse en el salón porque no venía a “juego” con los muebles; que eran claros, y el cuadro es de madera en un tono más oscuro. Por eso lo dejé allí en la habitación, y fui colocando fotos sobre él, hasta que poco a poco fue desapareciendo por completo tras mis hijos y mis sobrinos.
De esta manera transcurrió un año y medio, sin pasar nada.
Hace poco más de un año, mi pueblo sufrió una fuerte riada, en la cual, yo quedé seriamente afectada. Mi salón se convirtió en una laguna, y mis muebles quedaron sumergidos literalmente bajo el agua. No tuvimos más remedio que comprar muebles nuevos, y casualidad, eran del mismo tono que el cuadro así que lo coloqué en el salón, en un lugar visible.
Poco después, todo cambió. Comencé a conocer a escritores; escritores como yo, noveles, pero con más “tablas” como se suele decir. Envié mis narraciones a la página de Yoescribo, y allí me ayudaron mucho; ¿quién dice que no hay compañerismo? Yo doy fe de que sí, que hay gente buena que se presta a echar una mano a otro compañero. Conocí a mi amiga Ana Corral, una gran poetisa con un gran corazón, a Mª del Águila Boge, escritora, poetisa, e historiadora, la cual me ha ayudado muchísimo y me sigue ayudando junto a Ana. También entable amistad con la que ahora se ha convertido en una de mis mejores amigas, Ella es la ganadora del concurso de Yoescribo de narrativa de este año. María Dolores García Pastor, con su novela “El susurro de los árboles” una magnífica novela, recomiendo su lectura a todo el mundo.
Escribí un relato corto sobre el Alzheimer. La asociación de familiares y enfermos de Alzheimer "AFEAES" me ofreció leerlo en público, por lo visto gustó bastante, porque me volvieron a pedir leerlo; esta vez en el teatro más importante del pueblo.
Tengo un cuento que puede que me lo publiquen el próximo año (no es seguro, pero ahí está) Mi novela será revisada por un editor, (que lo haga no quiere decir que la publique, pero también está ahí) Hay varias cosas más pero aún es pronto para decirlas, así que dejemos que el tiempo o mi trébol, hagan su trabajo. Pero una cosa sí es segura, mis sueños se están haciendo realidad poco a poco.
Así han pasado las cosas, comprendo que parezca increíble, porque a mi, aun me cuesta admitir que el trébol de cuatro hojas me ha traído suerte.