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14 jul 2009

Satisfacción

Cuando terminó, su respiración sonaba agitada, y el corazón, acelerado, tenía síntomas de querer abandonar su pecho, percibió en él un festival de tambores.
El sudor se filtraba por cada poro de su piel. Sintió cómo se deslizaba por la mejilla hasta posarse en los labios; por un momento imaginó que bebía del mar.

Se dio cuenta que había oscurecido. Terminó cansada, jadeante… exhausta. ¿Cuánto había tardado? uff, reconoció que una eternidad. Nunca había durado tanto, claro que nunca había puesto tanta pasión en ello.

Entró en la ducha despacio y el agua caliente resbalando por su cuerpo desnudo fue placentera. Arrastró con ella la fatiga, se llevó el efluvio y dejó en su interior la complacencia. Estaba segura que esa noche no tendría problemas de insomnio.

Mientras secaba con delicadeza su cuerpo, esbozó una sonrisa. Nunca hacía nada que no hubiese programado con antelación, pero los niños se habían ido y… por una vez procedió sin pensar. Simplemente, se sintió con ánimos y aprovechó el momento.

Y ahora, recreándose en el trabajo bien hecho, se sitió satisfecha y orgullosa de sí misma: “la cocina había quedado impecablemente limpia”.

28 feb 2009

La duda


He de confesar que lo había pensado muchas veces, pero estoy chapada a la antigua y no terminaba de decidirme.
Mis amigas me repetían que era conveniente, que de vez en cuando también nos merecemos un premio, una alegría aunque tengamos que dárnoslo nosotras mismas. Me animaban diciendo que no me iba a arrepentir una vez que me hiciera con uno.
- Estoy bien como estoy – les decía yo
- ¿Pero tú sabes lo que te estás perdiendo? – me respondían ellas – tienes que decidirte, en cuanto lo pruebes, no podrás pasar sin él. Todas, o la mayoría lo tienen ¿por qué tú vas a ser menos? Algún día tendrás que espabilarte, y modernizarte.
Lo pensé durante unos días, especulé sobre el dinero que me iba a costar mantenerlo, también me preocupé en donde lo alojaría, tengo que confesar que ese era mi mayor problema, pues tendría que encontrarle un sitio adecuado, no sería estético dejarlo a la vista, lo más lógico era buscar un lugar para tenerlo lo más a mano posible.

En fin, tras darle muchas vueltas a la cabeza, un día me decidí. Me arreglé, me colgué el bolso, y salí a buscarlo. Pensé que el mejor sitio sería el centro comercial, estaba segura que en un espacio tan extenso tendría que haber muchos y sería más fácil elegir.
No me equivoqué, entre tanta aglomeración de gente, (pues eran los días previos a la Navidad y el supermercado estaba a tope), yo lo vi de lejos y quedé prendada.
Me acerqué lentamente y lo miré de arriba abajo: era perfecto.
Eclipsaba a los que estaban a su lado, o por lo menos a mi me causó esa sensación. Tengo que reconocer que no era ni más alto ni más bajo, ni más ancho ni más delgado, simplemente era como la mayoría. Sin embargo su estética destacaba, me pareció el más bello de todos.
No lo pensé dos veces y allí mismo, decidí que sería para mí.

Hace dos meses que lo tengo a mi lado, y cada día estoy más satisfecha con mi decisión, no me he arrepentido ni un momento. Además, tengo que decir, que entre sus muchas cualidades, tiene la de ser cautelosamente silencioso y brillante. Quizás, sea eso lo que más me gusta de él, pues según algunas amigas, los suyos son bruscos y no hacen bien su trabajo, (justamente por este motivo, una de ellas tuvo que deshacerse del suyo y buscarse otro).

Os lo aseguro, yo era de las reacias, de las tercas que decían que nunca tendría uno, no obstante, ahora he cambiado de opinión, y aconsejo a todas que no duden más, que se decidan y hagan lo que yo; colgaros el bolso, salid a la calle, dirigíos a un centro comercial: y compraros un lavavajillas.

11 feb 2009

Un trabajo adecuado


En cuanto escuché la voz de mi madre, sabía que aquel día no iba a ser bueno. Al mirar el reloj vi que eran las doce, ¿se había vuelto loca? ¿Cómo podía llamarme tan temprano?
- De hoy no pasa – me dijo colocando los brazos en jarras, si no buscas trabajo, no te pondré de comer nunca más.
No podía comprender que una madre se comportara así con un hijo, ¿de verdad quería que yo buscara trabajo? pero si soy muy joven, aun no he cumplido los treinta, y he oído por ahí que el trabajo deteriora mucho a las personas jóvenes ¡que egoísta pueden llegar a ser los padres a veces!
Me quedé en la cama un rato más, esperando que sólo hubiese sido una pesadilla, pero el grito de mi madre me confirmó que era real.
Me senté en la silla que hay en la cocina a esperar que mi madre me preparara el desayuno, miré a un lado y al otro y no encontré a nadie ¡mi madre me había dejado solo! Vi el pan y la leche junto al microondas, sobre de la encimera ¿pretendía que yo me preparara el desayuno? Definitivamente; aquél día mi madre estaba muy extraña.
Metí el vaso de leche y la rebanada de pan en el microondas, cerré la puerta y allí no pasó nada. Volví abrir y cerrar la puerta varias veces, pero aquello seguía sin funcionar, no lo comprendía porque enchufado estaba. También es mala suerte, mira que estropearse el microondas ahora. Me dí por vencido, saldría de casa con el estómago vacío. Sabía que a mi madre le daría remordimientos tras comprobar que me había marchado sin comer, pero algunas veces uno tiene que ser egoísta.

Lo primero que hice fue comprar un periódico en el kiosco que hay frente a mi casa, pensando que a lo mejor podía encontrar un trabajo apropiado para mí. Caminé hasta el parque que hay justo a la esquina y me senté en un banco.
En el banco que había justo enfrente observé un billete de quinientos euros, ¡cuántas cosas podría comprarme con aquel dinero! Envidié al tipo que se sentara en aquél banco y lo encontrara, mala suerte, desde luego, aquél no era mi día.
Abrí el periódico por la página de demandas de empleos.
Había un anuncio en el que pedían peones de albañil. Recordé cuando hicieron la obra frente a mi casa, observaba a los obreros por la ventana subiendo vigas, cubos de mezclas, ladrillos… tuve que levantarme de la cama para cerrar la ventana, me cansé sólo con mirarlos. Naturalmente ese trabajo lo descarté.
Encontré otro, ésta vez necesitaban un mozo de almacén, no está mal, pensé, todo el día hablando con las dependientas, luego recordé al chico que trabaja en el supermercado de la esquina, siempre estaba cargando cajas, me dio escalofríos. Además, seguramente algún padre de familia procuraría el empleo, y yo soy incapaz de robarle un puesto de trabajo a alguien que lo necesita tanto.
En otro anuncio, pedían un taxista, ¡todo el día sentado! Ése era perfecto, luego recordé que no tenía carnet de conducir. Tampoco valía.
Encontré algunos más, pero todos por el estilo, no comprendo por qué cuesta tanto encontrar un trabajo adecuado para cada uno. Me cansé y regresé a casa.
Mi madre me esperaba, aun parecía seria, pero cuando le dije que había estado buscando trabajo, se puso la mar de contenta y rápidamente se dispuso a preparar la comida.
Le conté que había estado en una obra pidiendo el puesto de albañil, en un supermercado donde le dieron el puesto a un padre de familia, que no me habían dado el puesto de taxista porque no tenía carnet… ella me escuchaba mientras cocinaba. Me decía que no me desanimara, que los trabajos estaban muy mal, que era muy difícil encontrar empleo en estos tiempos, yo le respondí que iría todos los días a buscar y que no me desanimaría. Ella sonrió y me besó la frente.
Estoy orgulloso de haberla puesto tan contenta, es por eso que lo he decidido, desde mañana saldré a buscar empleo todos los días. En estos tiempos de crisis, lo de encontrar trabajo está muy mal, y con la suerte que tengo… si hay tanta gente buscando, ¿porqué iba a ser yo el que lo encuentre?