22 mar. 2009

Manías


Dicen que “cada maestrillo tiene su librillo” y nada es más verdad que eso. Cada escritor tiene diferente forma de escribir una novela, aunque algunos coincidan en sus manías o excentricidades. Unos tienen el hábito de escribir con música, otros por el contrario en silencio, unos en desorden y otros bajo una estricta ordenanza, hay quién sólo se inspira por la mañana…
Yo creo que las manías en sí no existen, que cada cual se crea su propia costumbre de escribir o de comenzar a hacerlo. Quiero decir que se puede crear un automatismo si se posee el tiempo, el habita y los medios adecuados. Si tiene dinero puede decidir; donde, y si se tiene tiempo; cuando. Creo que son los escritores consagrados, los únicos que tienen el privilegio de escribir, cuando y donde le plazca, naturalmente si viven de lo que escriben, y no tienen otra cosa que hacer más que pensar cómo hacerlo (quiero pensar que es así, porque si no, yo sería un bicho raro).
Tengo la “manía” de escribir bajo presión, me refiero a que únicamente escribo cuando me sobra algo de tiempo, da igual la hora que sea, si tengo un rato me siento frente al ordenador y punto. Mis hijos me interrumpen un millar de veces, para que les planche alguna prenda o les busque algo que han perdido, no obstante, tras el intervalo, vuelvo a mi silla y sigo por donde iba. En cambio, si un día estoy sola en casa y dispongo de unas horas para dedicarme por entero a esto, la mente se me bloquea, me levanto, me siento, comienzo a pasear, pero nada de eso me sirve, así que tomo un libro y leo ¿soy rara? puede que lo sea.

Otra cosa es también la forma que cada autor tiene de fraguar un cuento, relato o novela. Hay escritores que engendran sus creaciones según le vayan surgiendo las ideas. Se sientan a componer, y dejan que la historia surja según avance la escritura, sin tener planeada una línea o el final de dicha narración, simplemente dejan que las ideas le sobrevengan tal cual. Creo que eso es meritorio, es tener espontaneidad y admiro ese talento.
Yo por el contrario suelo pensar mucho las cosas, le doy mil vueltas a la historia en mi cabeza antes de sentarme y comenzar a mecanografiar.
Jorge Luis Borges dijo: “En el caso de los cuentos, yo sé siempre el principio y el fin. Ahora, la que sólo me es relatado a medida que voy escribiendo y a veces de un modo erróneo – entonces tengo que volver atrás y tachar parte de lo escrito-, es lo que sucede entre el principio y el fin. Eso tengo que descubrirlo o, en el peor de los casos, inventarlo. Pero siempre sé el principio y el fin”.
Es precisamente mi forma de escribir una novela, si no tengo el principio y el final, no puedo comenzar a hacerlo y me alegra saber que no soy la única con esta “manía”.
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