20 oct. 2009

Injusticias

Desde que mi hermano se fue, he intentado inútilmente escribir algo sobre él, describir cómo era, pero me es imposible. Sólo puedo decir que era un joven de treinta y dos años que siempre sonreía, que estaba lleno de vida, y que lo echamos de menos.
Por lo tanto no contaré nada de su vida, el post será una denuncia a la falsedad de las compañías de seguros.

En España tenemos la costumbre de inscribir en la póliza de defunción a los hijos en cuanto nacen, pienso que es la peor inversión que se hace, pues… ¿Cuántos entierros pagas? Quiero decir que si mueres con ochenta o noventa años y pagando desde tu nacimiento… bueno, hagan la cuenta.

Mi hermano trabajaba en Ibiza cuando aquel día tres de Marzo, nos llamaron por teléfono para informarnos que había sufrido un accidente y estaba muy grave. Ni que decir tiene que mis padres tomaron el primer avión hacia la isla. El diagnostico: traumatismo craneal grave. Estaba en coma.

Los días iban pasando y no mejoraba, por lo tanto decidimos desobedecer a mis padres y algunos de nosotros viajar hasta allí. Ellos no querían que fuésemos, decían que para qué, que pronto iban a volver. Todos los días al hablar por teléfono era la misma testarudez.
El día nueve por la mañana se prepararon para ir al aeropuerto, pero cuando hablamos con mis padres, nos dijeron que los médicos los habían llamado para que se despidieran de él, de mi hermano.
Era viernes y los médicos hablaron con mis padres, les dijeron que volvieran lo antes posible a casa, que mi hermano iría poco después pues no podía viajar en un vuelo regular. Además el juez tenía que firmar los papeles.

Mis padres regresaron el día nueve y pensamos que él volvería al día siguiente.
El sábado nos pusimos en contacto con la compañía de seguros para que agilizasen el papeleo, mi madre estaba destrozada, agotada, y lo único que queríamos era terminar cuanto antes y descansar. La compañía nos dijo que estaban haciendo lo imposible para que el juez firmara, pero como era fin de semana, probablemente mi hermano no llegase hasta el lunes.
Pensamos que el juez no tenía corazón, y llamé al hospital para que me dieran el número de teléfono del responsable que tenía que firmar. No pusieron pegas y llamamos. El juez fue muy amable, le habían explicado el caso y por lo visto, había firmado los papeles EL MISMO VIERNES. Es más, se enfadó cuando le dijimos que la compañía de seguros nos había dicho que la demora era por el retraso de su firma, nos pidió que le dijésemos a los del seguro que él quería hablar con ellos para que se lo dijeran personalmente. Además nos dijo que seguramente lo estaban retrasando porque los fines de semana es más caro el traslado.
Volví a la compañía y los puse de vuelta y media. Ellos, cómo es de esperar, volvieron a mentir… que si no era culpa de suya, que si los papeles, que si ya era sábado por la tarde y el domingo no se podía hacer nada, que si esto, que si lo otro. En fin, mentira y más mentiras.
Nos conformamos ¿qué íbamos a hacer? Nos prometieron que el lunes llegaría en el primer vuelo.
A las seis de la mañana, mi padre, mis hermanos, y mi marido estaban en el aeropuerto. Las mujeres esperamos en casa.
El vuelo de las siete llegó, pero mi hermano no iba en él, ni en el próximo, y tampoco en el siguiente. Llamamos nuevamente a la compañía y, por lo visto lo habían perdido en Barcelona. No quiero ser sarcástica, y menos con éste asunto pero. ¿cómo se puede perder…? Aun hoy, ocho años después, estoy indignada y la rabia me come por dentro.
Resumiré diciendo que llegó a las seis de la tarde.
¿Y todo por qué? Pues para que la compañía se ahorrarse el traslado del fin de semana que es más caro. Tendrían que haber sido más legales, más humanos.

He intentado no dramatizar lo que ocurrió, creo que se formarán una idea de que fueron unos días muy duros. Por supuesto recordarlo, también; pero se lo debía a él.
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