12 oct. 2009

Deseos



Hace algunos días, una amiga me envió un correo. Era muy bonito, hablaba de la amistad, del los sentimientos… de los deseos.
Pues bien, al final te decía que pidiera un deseo y que si lo enviaba a cinco personas se cumplía lo que desearas.
Hice con él igual que con tantos otros; no le di importancia y simplemente lo eliminé. Al día siguiente mi amiga me preguntó si lo había recibido, le dije que sí pero que no creía en esa cosas y que automáticamente lo había desechado.
Pues yo tampoco creía en esas cosas, me dijo ella, si te lo he enviado es porque me pareció bonito, y me dio por hacer lo que decía, pedí un deseo y lo envié a cinco personas. ¿sabes? Continuó diciendo, le pedí que a mi hijo le renovaran el contrato y precisamente hoy lo llamaron para ampliárselo.
Yo le respondí que era casualidad, y ella respondió: pues mándalo tú y quizás tengas un poquito de esa “casualidad” ¿qué puedes perder?
Está bien, le respondí, si vuelvo a recibir otro correo lo reenviaré y pediré el deseo (el mismo correo por lo visto, ya no servía)

¡Casualidad! Dos días después recibí un correo muy bonito, tenía angelitos y unos versos preciosos y el cual me concedería un deseo tras reenviar el mensaje a cinco personas. Según decía el aviso, el deseo se me cumpliría en un día ¡sólo un día! El problema era… ¿qué deseo pedir? Si se iba a cumplir tenía que ser un deseo especial.
Bueno, en primer lugar mi marido y mis hijos están en el paro, ¿para cuál pedir trabajo? Mi hijo mayor esperaba una llamada muy importante que no llegaba, podía pedir que lo llamaran. También podía pedir que me tocara la lotería, pero no compro loterías y claro, entonces es más difícil porque… ya no sería un deseo cumplido; a eso se le llamaría milagro.

Pensé un rato y al final llegué a la conclusión de que la llamada que esperaba mi hijo iba relacionada con el trabajo, y los tres necesitaban trabajar por lo tanto...

Intenté hacerlo bien y puse mucho empeño, cerré los ojos y deseé que ellos encontraran trabajo, me daba igual el que lo consiguiera (eran tres posibilidades, pensé que así se lo ponía más fácil) Y envié los cinco reenvíos
Pues bien, al día siguiente mi hijo recibió una llamada al teléfono móvil, pero no la que esperaba, resultó que era de la compañía telefónica para advertirle que le cortaban las llamadas (una factura se había quedado sin pagar) Por lo demás ninguno recibió más llamadas, ninguno salvo yo. Sí “casualidad” me llamaron proponiéndome que trabajara más horas. Y yo me pregunto… ¿qué parte de la palabra “ellos” no le había quedado clara el que tuviera que hacer cumplir los deseos? En “ellos” no entro “yo” ¿verdad? Hubiese entrado si digo “nosotros” pero “ellos” son “ellos” y no “a mí”
He aceptado, naturalmente que he aceptado, pero una cosa me ha quedado clara, NO VOLVERÉ A ACEPTAR UN NUEVO CORREO DE DESEOS, necesitaría que el día fuese de cuarenta y ocho horas.
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